martes, 6 de mayo de 2008

Fantasma del cajón

I

Yo siempre le digo que tengo un fantasma en mi cajón,
ella mientras se divierte jugando con mi pelo rebelde y me dice que los fantasmas no existen.
Yo le aseguro que si ella no me ayuda ese fantasma no me dejara en paz.
Me mira, la miro y se levanta riendo, abre el cajón y lo cierra con fuerza;
enojada dice "Hay un fantasma en tu cajón".
Ella se fue asustada dejándome solo y acechado por el fantasma en mi cajón

II

Una noche ella volvió y me pregunto si el fantasma seguía ahí;
"Sigue ahí" dije.
Ella ya no juega con mi pelo y con valentía me dice "¿Queres que me deshaga de él?"
Yo asiento temeroso con la mirada y ella se va de mi cuarto con mi cajón.
Pasan los días y las noches y el fantasma ya no me atormenta.
Ella vuelve a reír y a jugar con mi pelo siempre rebelde.
Que bueno es sentirse libre, aunque hay noches que me pregunto que habrá hecho
ella con mi cajón lleno de cartas y fotos, donde habrá dejado a mi fantasma.

III

Semanas después ella me devolvió mi cajón con fantasmas y dijo que soy un adicto al amor; que por eso no puede amarme, yo en mi defensa tan solo me quede callado
y le dije que si, soy adicto al amor y eso me gusta.
Ella confeso que no se animo a enamorarse de mi, que mi defecto más grande
es justamente amar con intensidad, pero por poco tiempo. Que por eso siempre vivo enamorado de la vida, que resucito fantasmas o que los creo.
Sigue diciendo que no soy confiable, aunque afirma que soy asquerosamente querible.
Ahora veo innecesario tener el pelo rebelde si ella no esta acá para jugar y decidí cortármelo.
Lamento que me haya encontrado ese defecto y que no me pueda amar,
Ruego que se equivoque, hoy esta cruz que cargo no me deja dormir.
Y otra vez en vela abro mi cajón y dejo que el fantasma que hay ahí me vuelva a atormentar.

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